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La Coctelera

NOCTURNO

Poemas, pensamientos, cuentos de duendes ebrios en cualquier bar de cualquier ciudad de cualquier universo, o de cualquier cabeza....

Categoría: Cuentacuentos

3 Octubre 2006

Las píldoras que ayudaron a despertar

La loquera llega con sus pastillas de colores, en la bandeja de aluminio trae un vaso lleno de agua, camina como si la vejez le amarrara las piernas, tierna y paciente, vieja loca demente, llega contenta porque ya no tenemos que estar locos durante las horas que quedan en este día lleno de cosas que no encajan; los pasos de la loquera se ollen en todo el sanatorio, el pasillo iluminado por 50 lámparas de neon blanco azulado morado hacen que su recorrido a pie se transforme en uno de los paseos de locos preferidos, pegados de las paredes como si el mundo se quebrara sin remedio, todos intentan huir de la loca demente que llega con las pastillas ardientes; amarillas para la risa desmedida, azules para la loca pasión de rayarse la cara con ramitas y hojas secas, verdes para matar la pasión de no estar loco, moradas para el intento de suicidio, y blancas son para rellenar la cabeza con estiércol de todos los colores.

Lucia la de la píldora vacía llega con pequeñas sonrisas divinas, todos corren pero nunca escapan de verdad, el juego de mentiras comienza, aparece la pregunta de si en verdad estoy loco o no, el apegarse a una píldora para controlar lo que no se quiere controlar se hace un mal necesario, los enfermeros discuten el como atraparnos, como niños corremos hacia el abismo del patio iluminado por el sol infierno quema quema que quema pero que nunca hace nada, solo girar y girar en su centro de caramelo, llegan los enfermeros tomando precauciones agitados, tomando la mano, luego la otra, arrastrando, tirando de la carne incomprendida, los gritos siguen el transcurso del ritual de la píldora en boca, agua traga el cuerpo explota, en colores imágenes de colores, golpes en las paredes, la cama no cama, no hay cama, todos explotan, aparecen los demonios, aparecen los santos que persiguen demonios para luego la calma llevarse todo, todo, la canción es tarareada y repetitivamente cansa el estar callado, los movimientos de la cabeza que medio gira en su tronco para volver a la posición normal, los brazos amarrados para no coger esta vida llena de odios y volverla una mierda, una mierda arañada por las uñas de loco tierra, arranca tierra y piedras en el patio de mentiras, en lo imaginado de oro, en tu boca dorada de elefantes rosados que caminan por el pasillo en que la loca Lucia llega con su antídoto para todo.

El estarse quieto sin que ni una mosca dañe el cuadro en el que uno esta metido, sin probar las dulces raciones de chocolates que solíamos comprar en la tienda del frente, en la de doña panchita la pintoresca gorda, panchita me da dos confites rojos, de esos con sabor a cereza rota en las muelas de delicia, no comprendo el papel que juega la piedra papel o tijera, ni los juegos de saltar al lazo o la rayuela, las piedrecillas en el patio se reúnen para comerlas, para tirarlas al cielo para ver si vuelan o para enterrarlas sin que nadie se de cuenta. Silencio ahí vienen los pájaros de la discordia, esos que vienen con las pajitas, esas con que tejen sus sueños allá arriba en los árboles azules. Nos están espiando con los picos cerrados, sus plumas son aquí trofeos que pocos tienen y guardan dentro de sus bolsillos. El estarse quieto durante 4 horas sin mover ni un pelo es posible dentro de los cánones del sanatorio, a los que no se mueven por 5 horas tienen que ser movidos de alguna manera, es como ir a picar un animal muerto con una ramita como si este tuviera aun vida, como si la muerte no fuera comprendida, a los que se les despiertan con el método de la ramita, son puestos en cuarentena para que la próxima vez que se queden estáticos como momias, decidan quedarse aun más quietos que nunca. Lucia la loca viene tres veces por semana a esas horas en que el pequeño infierno se aleja por entre el tejado que hay en el patio. Las tejas se ven como naranjas en plena época de desove, la caricia de Rosa siempre duele en el alma porque ella es sin lugar a dudas la más loca de todas, cuando toca con la manito lo hace arrancando un pequeño pedacito de carne, el dolor es calmado con las pildoritas de colores y una inyección en las nalgas descubiertas, la correa atada al torso desnudo y una espera de 3 o 4 días de evolución para saber si fue niño o niña, sucio cobarde o un fuerte mequetrefe de carne que no siente. Los locos siempre son fuertes cobardes o locos de remate que si saben que es vivir la vida desde otra óptica, en la que no ven nada nuevo ni a nadie, por objeto son tomados estos locos que se la pasan caminando en círculos contando las mismas lozas de cemento que hay en el patio una y otra vez como si se cada una fuera una nueva loza puesta en aquel camino de tierra sin lozas visibles, solo la que ellos pisan, esa es la que ven. De lejos todos parecen una bella escena de pesebre de diciembre, solo faltan los trajes y los diálogos. Los tres reyes magos son Alberto Jonás, Rodolfo sin miedo y batracio José, los tres magos del sanatorio de la paz del sur de la ciudad de Mapana, son magos estos tres tontos por ser los que han hecho tretas para huir del recinto e irse a espantar al otro mundo prohibido; sus fechorías son reconocidas por todos, andan juntos, ideando nuevas maneras de burlar la seguridad de las rejas. El otro día cortaron la luz con agua y sal, escaparon hasta la esquina de allá afuera, los médicos rieron por que ellos no saben correr, son inválidos de las piernas, de tanto quedarse estáticos pierden la movilidad, se vuelven locas las articulaciones, se muere el cuerpo de locura tanta locura, sus mentes solo les da para hacer locuras sin nombre.

Para nosotros los locos los nombres no existen, solo despojos de locos, chistes o burlas o sonidos dicotómicos, hay uno al que le dicen si y a otro no, cuando si se encuentra con no se vuelve un despelote su conversación porque uno responde que si y el otro responde que no, entonces viene el que dice: pero yo me llamo no, y tu si y el otro dice: pero yo si y tu no y así sucesivamente se les va el día entero terminando la conversación en un nose y en un sise… En nuestro sanatorio de Mapana, hay serpientes disfrazadas que se esconden detrás de las batas de los médicos, son serpientes porque siempre los vemos reptando entre las camillas, intentando comernos vivos con sus caricias y bruscas manos que intentan apretarnos contra la cama inmóvil. Las camisas que nos dan para ponernos, no existen, sabemos que tenemos algún trapo sucio que nos amarra, pero en realidad estamos desnudos en todo momento, desnudos porque pensamos en no pensar, porque queremos no pensar en que pensamos demasiado, los tontos se encuentran afuera de este sanatorio, Lucia la de la píldora vacía nos alienta a quedarnos quietitos cuando sus pasitos llegan de lo lejos, sus nalgas siempre son blancas como la masa de maíz con que Ofelia hace las arepas en la cocina de locos y para locos; tontos, no saben que nosotros comemos siempre en el patio, gusanitos, cucarachas y viento, mucho viento se nos mete por la boca, como si fuéramos grandes globos de piñata para niños que brincan y saltan y que juegan con el señor payaso de cara pintada con desodorante de buena marca.

Ofelia siempre anda apurada en hacernos las comidas, de desayuno siempre comemos arepa con quesito y chocolate, de almuerzo una píldora entre la comida, arepa, carne y arroz y en la comida a eso de las siete de la mañana comemos otra píldora con ostras de mar y sopa de lentejas con biscocho de pan. A las seis de la noche me despierto todos los días, prendo el radiecito que anuncia las noticias y canciones nuevas que nunca he podido entender, sonrió por que soy el único que me dejan tener el desdichado radiecito, cojo y me levanto con una mano en el suelo y la otra en la cintura, giro de costado y caigo golpeándome la nalga contra la baldosa fría, me paro del golpe tan bueno y doy los primeros pasos como bebe que aprende a caminar, siempre salgo corriendo por el corredor de viajes espaciales y salgo directo al patio, respiro el nuevo aire de todas las noches de sol ardiente que apenas sale a las siete de la noche, soy el primero en salir, reviso que nadie este en los alrededores, y saco mi miembro para que este riegue las plantas hojas y raíces, una vez me capturaron por realizar este ritual antiquísimo, la Lucia vacía me obligo a tomar la píldora café la cual es la más temida por todos, sus efectos son extraños, lo hace ver a uno playas, arena, sol, vestiditos de baño metidos entre carnita exquisita, carnitas rosaditas de pechos amarillos, y así lo pone a uno a ver esas cosas durante una semana, cuando el efecto termina, todo se vuelve negro, oscuro, la vida se muere en un instante y el llanto aparece, te das cuenta que sufres sin quererlo, a veces odio a esa Lucia vacía la de la píldora de mentiras, siempre que pasa la miro con odio y rabia, sin quererlo me he enamorado de sus nalgas, de esas que se balancean con decisión, esas que hablan el lenguaje del amor duro del amor de día y de noche, de todas las semanas.

Un día se me acerco la Lucia diciéndome que me amaba, pero que yo estaba loco de remate y que lo nuestro no podía ser, sus nalgas se me iban lejos muy lejos cuando sus palabras volaron por el aire tenso, lo único que dije fue, Lucia tus nalgas no son vacías, dame una oportunidad para tocarte adentro, Lucia siempre era evasiva y nunca dejaba cabos sueltos, un día obtuve las nalgas vacías, eso fue dentro del consultorio, Lucia la vacía se me acerco con las manos vacías, llenitas sus nalgas abrió las piernitas montándose en mi cintura llenita de amores perdidos, Lucia comenzó a delirar como una loca más del recinto, sus manos me ataron como los enfermeros lo hacían, sus nalgas se llenaron por fin de mi liquido de mentiras. Lucia quedo loca ese día y desde que paso lo que nunca debió haber pasado, ella aun me mira como lo hacía ese día cuando sus nalgas se llenaron de una sustancia milagrosa, solo tuve que esperar nueve meses para que Lucia me sacara de la locura que tenía, me soltaron afuera diciendo que la llevara al hospital, cosa que hice gracias a que un medico me suministro la píldora bendita, una que era de todos los colores y que sabia a chocolate, su efecto inmediato fue el de que aparecía un mensaje en mi retina, usted ahora esta curado, ploom caí de sopetón esa tarde, desperté en el despacho del administrador del sanatorio, me dijo, ¿hombre como esta ahora?, ¿se siente bien?, el caso suyo es excepcional, le tuvimos que dar de alta con una píldora secreta que solo se la suministramos a personas que consideramos como de la familia, los otros locos, mire, no están locos, solo están ahí quietos y pensando que están locos de verdad, sin darse cuenta las píldoras de colores los enloquecen más y nosotros ganamos más tiempo para lo que al final será una sociedad perfecta, sin genios ni sin patriotas ni soñadores.
Mire señor. P…usted es un privilegiado y gracias a Lucia usted podrá formar una familia, quédese callado acerca de todo lo que hablamos y nunca abra la boca porque le será llenada de nuevo con otra píldora que lo convertirá otra vez en un loco. Lucia se encuentra embarazada, vaya con ella de inmediato al hospital para que la acompañe en su trance.

El mundo de Lucia era diferente, aburrido, solo, silencioso, los autos no emitían ningún sonido particular, las gentes andaban alegres, felices y sin el estrés de hace tanto tiempo; Lucia me sonreía y se aferraba a mi brazo, allí en el taxi camino al hospital comprendí que la locura no viene con los años, que su brazo aferrado al mió como la correa de las camillas del sanatorio era la evidencia de una locura por mi alma, una locura buena, una locura que nació en una camilla, apretando las nalgas suavecitas de Lucia, en contra de todo Lucia estaba loca por mi, así como lo estuve algún día por ella, camino hacia otra camilla, en donde ella se aferraba a su vida, comprendí al fin que la vida es una loca pesadilla.

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27 Septiembre 2006

Margot Pereira

Una araña se mete por mi oído y construye su telaraña con la que puedo escuchar los susurros y llantos, para sentirlos a flor de piel canto más ahora en las mañanas ideales de un fugaz verano.

Prendo un cigarrillo mental, hago como si lo tuviera en la mano, justo, sereno e insignificante, su humo se va lejos de mi, ese humo que exhalo sin agrado se pierde imaginado. La puerta, tocan a la puerta con unos golpecitos sucesivos, toc, toc, toc, el silencio se apodera de la habitación, no quiero abrir la puerta porque no lo deseo, no me interesa saber quien llega, quien toca o quien esta ahí presente, se me olvida que tenia un cigarrillo en la mano, se me olvido que tocaban ese pedazo de madera inerte. Vivimos para quedarnos estáticos como unos alfileres bien clavados en la almohadita de las agujas, no sentimos el ser, solo sentimos dolor cuando en el área afectada se presenta una emisión de desesperación. No deseo abrir esa vetusta puerta. El timbre es presionado con delicadeza, parece ser una mujer, una que toca el timbre con suaves manos rosadas, o talvez con guantes de realeza presumida, es una locura, mi boca tembló sin quererlo, tal vez los mecanismos de inercia dieron por sentado el precedente de abrir la bocota articulando un qui…é...n essss?, maldita sea yo no quería abrirla, las palabras que escuche entonces, fueron una melodía que dio en el clavo, que perforo mi corazón con dulces balas de plata, las palabras se unían como un rompecabezas que en mi mente se iluminaba liberando pequeñas dosis de adrenalina barata que revolvían el estomago como un retrete vaciado sin precaución. En la mano cerrada, los dedos estaban apretados, comenzaban los músculos a contraerse lentamente, aparecía una llave de color dorado, de dientes afilados y que sin quererlo se fue introduciendo en la hembra de la chapa de esa puerta, felizmente ahora giraba el picaporte con serenidad y paciencia, Margot Pereira se aparecía como una mancha en la pared del corredor del piso 9, su impresión la dejo ahí parada como una mula con carga pesada; mi desnudez la había conmocionado a tal punto que ella vomito porque nunca antes me había visto así como Dios me había traído a este mundo, sin quererlo la hice pasar l living room, mis argumentos fueron idiotas, Margot estoy desnudo por que no estoy feliz, no llevo la corona que me representa como el más idiota de todos; Margot se disculpo por el reguero de liquido viscoso; Hombre mejor ponte un trapo en esas desgracias que tienes, me da pena verte así; aunque sus palabras no hicieron que la vergüenza se apoderara de mi, seguí mirándola como todo un buen caballero en pelota; ella miraba de reojo mi cuerpo escuálido y blanco, no sin observar la camisa doblada encima de la silla blanca que estaba cerca al escritorio lleno de pelusas, y el pantalón retorciéndose en el suelo como si alguien le hubiese estrangulado, Mis palabras la sacudieron de inmediato porque advertí su mirada, los interiores están colgados en el ventilador si andas buscando eso que me falta. Mírame si quieres, así estaré por dos horas más antes de ducharme y cambiarme, te puedes quedar si no te disgusta mi condición de hombre empelotado.

Sus ojos se movieron nerviosos, como si una corriente de energía los hubiese sacado de sus lugares, las manos temblorosas no sabían que hacer, si coger las pulseras, rascar el respaldo de la silla, rascar las piernas carrasposas o apretarse entre si como si el desaparecer fuera tan fácil. Mira Margot, tu presencia me hace bien, quédate, así podemos hacer muchas cosas. ¿Cómo cuales?, ¿que puedo hacer con tu desnudes o con tu actitud? De que hablas mujer, solo estoy desnudo, solo soy yo y nadie más, desnúdate entonces para que quedemos a la par, sin problemas para entablar la conversación que tu desees. ¡Me voy! No tolerare eso que acabaste de decirme. Margot no seas melodramática no soy el primer hombre al que ves desnudo. No, no lo eres. Bueno entonces cuéntame como te fue el día de hoy, ¿pudiste vender algo en el vivero? Mira, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, estas desnudo y me empiezas a hablar de viveros, si, sí vendí muchas plantas hoy, no te entiendo, porque estas desnudo hombre mira que me estas poniendo mal, muy mal, no puedo con la cara de vergüenza; ah entonces quítate la ropa para que no sientas vergüenza ajena así podremos mirarnos solo a los ojos y no como tu lo haces mirando a otras áreas del cuerpo; No no lo haré porque ustedes los hombre son todos unos idiotas, si me quito la ropa dirás que soy una chica fácil y que no tengo pudor, además no mirarías solo a los ojos. ¿Cómo lo sabes si no te haz quitado la ropa?, mujer la desnudes es lo más bello que existe y solo quiero que te sientas cómoda, además la puerta esta abierta para que salgas, mira la llave que esta en la mesita. Margot observaba la llave con desespero, en su interior los más extraños instintos se mezclaban y luchaban por tomar una decisión, el tiempo transcurrió como una baba de caracol arrastrándose por todo el borde de la mesa, las llaves eran un dilema una interrogante; mis muslos se aflojaron y las piernas me temblaron para pararme, me dirigía cerca de su cuerpo, la estatua estaba helada, congelada en su tiempo de no saber que hacer, Margot siempre había sido aquella amiga de toda una vida, era la mujer, y yo para ella era su mejor confidente aunque nunca me lo confesara.
Margot era considera una diosa para mis ojos, la explicación de su ausencia por un largo tiempo se debió quizás las arduas horas laborales y demás ocupaciones que tenia. Su madre había estado muy enferma y por dos años ella había cuidado de su sueño hasta que por fin su madre pudo dormir en paz. Solo nos veíamos ocasionalmente cuando salía del vivero, nos íbamos al café de la esquina para hablar de precios, colores, sabores y libros interesantes, los pensamientos afloraban con el pasar del tiempo, no era el único en sentirlos, se podían ver también en sus ojos, ese brillo que aparece cuando el alma esta más que feliz, la sonrisa delataba su amor.

Esa tarde Margot luchaba contra sus sentimientos, es algo que llaman contradicción estúpida del amor de verano, asumir que uno ama pero que no debe porque uno es una puta gueva que no sabe si decir que si o no, las conveniencias desaparecen y solo flotan en el aire las convenientes materialidades, Margot se sentía incomoda, no me acerque mucho para no espantarla, solo podía tocar sus piernas congeladas, su tiempo estaba llegando a su fin, las llaves permanecían en la mesa, sus ropas estaban ahora en el suelo.

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23 Septiembre 2006

RECORDAR SIN RECORDAR

Se creía que el era un hombre de esos que suelen ser hombres entre la masa de sinceros seres que deambulan sin saber en realidad que es lo que son; se dice que se creía porque en verdad el nunca supo en realidad lo que era, un hombre o un vago animal que pensaba, una mujer común, o un niño con la carita embadurnada. La intervención divina de aquel gracioso payaso lo salvo de llevarse otra vez las manos hacia la cabeza, como siempre solía hacerlo en cuestiones de depresiones y encrucijadas que no faltaban. El bus estaba frío por la tormenta que allá afuera inundaba las calles; el pensar que acá estaba seco y sin preocupaciones porque el viaje era largo determino el instante para refugiarse de nuevo en sus reflexiones espirituales sobre los errores cometidos en un pasado ya lejano, el auto examen eliminaba mentalmente lo reprochable pero solo como un cumplimiento retardado a un castigo impuesto por remordimientos nimios que nunca tuvieron las respuestas para esas interrogantes que sugerían; cada vez que él se auto infligía con su pasado cojo, las respuestas solo le generaban más dudas que hacían que su castigo terminara de inmediato.

Los esfuerzos por pensar en lo sucedido fueron cortados de raíz por aquel personaje grotesco que en vez de parecerse a un payaso, representaba mejor a un asesino de sueños de un cuento infantil, ese payaso que salía de la oscuridad con ojos desorbitados y expresión aterradora se presentaba ahora escalando la maquina registradora como un ladronzuelo, decidido, recolectaba con su apariencia todas las miradas de los pasajeros intranquilos por la mojada segura que se iban a dar en aquella tarde de invierno.

Señoras y señores, espero no incomodarlos con mi presencia aquí en su autobús favorito, les deseo una feliz noche, y que amanezcan con muy buenas energías; soy el payasito fanfarrón de aires de loco vampiro que les chupara todo el estrés que llevan en sus cuerpitos vueltos una nada. La otra noche recogí flores en tu corazón, pequeña flor que llevas tú esos ojitos verdes me gustaría cambiártelos por estos ojos de mango maduro; ¿oye negro que te paso que te veo como pálido, es el frío?...
Las risas nunca se oyeron, ni se vieron expresiones de gracia, daba lastima presenciar la rutina de aquel personaje distante aunque lo separaran tres asientos de donde me encontraba, el aire pesaba cada vez más. Los olores de la banca de atrás se filtraban por el pequeño espacio entre las cabezas de los pasajeros y el techo oxidado del viejo bus sonajero.
La delicia de los sonidos de ventanas de perillas que chocaban por tener los tornillos sueltos, los amortiguadores, que curioso, como su nombre lo dice amortiguan, pero en este caso eran todo lo contrario, solo aumentaban el choque de la carrocería con el resto del exoesqueleto pintado hasta más no poder.

Muy pocas personas ofrecieron su mano con un donativo para ese personaje de terror; muchas personas se rieron cuando se bajo del aparato en movimiento, tropezó gritando y rodando por el asfalto mojado; este hecho quito de la mente la cotidianeidad trastornada, haciendo que la bajada se hiciera con el mayor cuidado posible, llevando la conciencia al limite, prefiriendo llevar el alma por el sendero seguro; delante estaba la fachada gris y obsoleta de la casa, el enrejado, la puerta sin chapa visible a esa hora del día, el picaporte congelado en el tiempo, la llave que no encontraba su deseo, los extravagantes pensamientos de persecución aparecían en este punto de entrada.

Por fin la cerradura había cedido, adentro todo estaba más cálido, la casa aun apagada era vuelta a la vida por el solo movimiento de un dedo que presionaba un interruptor estático; luces cámara y acción recordaba cuando la luz se encendió, el abrigo caía en el sofá medio húmedo y las llaves golpeaban la mesita en donde el teléfono reposaba sin mayor novedad. Ring, ring, el salto del asiento en las salas de cine se presentaba como una opción lejana aunque la casualidad siempre diga lo contrario, eso fue lo que sucedió exactamente, el endemoniado teléfono sonó como nunca lo había hecho, el silencio en el barrio era tal que no se escuchaban ni los niños llorando, ni los gatos expresando sus misteriosos llamados o los fenomenales perros ladrando sin parar, no, esa noche era una entre mil, una en que no se escuchaba ni el aletear de una mosca, solo se escuchaba a la noche derretirse en el techo.
El teléfono llamaba para contestarlo después del tremendo susto, la bocina era asida con la mayor urgencia, el Alo con quién, llegaba de inmediato, ¿cómo está? sonaba urgente y con desanimo el bien y vos sin interés porque ya la voz había sido reconocida entre el amplio rango de voces guardadas en el cajón de los recuerdos vagos.

Sentarse no era una buena idea ya que todo el día el trasero había sufrido el mejor aplastamiento de carnes contra asientos y superficies duras inimaginables; escuchar lo que la otra persona decía nunca fue uno de sus fuertes, y más cuando acababa de llegar de un largo día laboral, esa conversación moriría al instante; un si, acabe de llegar ahora te marco, colgar la bocina, registrar las habitaciones, la cocina en busca de comida para recargar baterías, el día podía apiadarse de los sucesos transgresores de ánimos. Todo parecía fundirse en una imagen color rosa con olores de romántica cena en solitario, el reloj constante corrupto, la olla llena de artilugios para sobrevivir de una manera disimulada, la luz emitiendo sus ondas productoras de sombras que se ocultaban para el ojo más experimentado, la sal, una pizca de color, preparar la sobremesa, sacar el plato, la cuchara, sentirse como en otra dimensión, absorto dentro de las parodias televisivas; la mano se cierra apretando un objeto metálico en el que yace un trozo de carne que cuelga suspendido, lo dedos estáticos, el antebrazo se flexiona, la mano sube girando haciendo un movimiento como de avioncito, ¡el jugar con la comida siempre fue un tabú en la familia!.

El chorro se siente bien cuando sale del cuerpo tieso por la complejidad del aguantarse casi por tres horas el ir al baño; el sonido de líquido cayendo sobre líquido se confunde con las pocas goteras que se escuchan pegando arriba en el techo, el cierre sube para bajar dentro de otros tres minutos en la habitación, cambiarse de traje siempre es necesario en algunos momentos del día, ya sea por diversión, por higiene o por quitarse las malas energías, acostarse en la cama y mirar para el techo, intentar escalarlo con los ojos bien abiertos y sin parpadear intentar dormirse como pez dentro una pecera de tamaños colosales.

Animarse a salir del encierro cuando todo se creyó perdido en un día de octubre, era determinante para vencer las predicciones de la monotonía opresora de invierno, en la muñeca se leían las 8 p.m., si, era un reloj Casio, telememo que nunca registraba números telefónicos, comprado en el centro de la ciudad. La lucecita dijo que eran ya las 8.01 minutos y 10 segundos; era la hora para salir a buscar rumba, festejo, exceso y porque no un amanecer tirado en una esquina sin camisa y sin conciencia.

El itinerario perfecto se había memorizado ya coma la lista para ir de compras al supermercado, primero el bar “nopienses” recibiría con un buen ron con sal y limón, un buen cigarrillo en la otra mano mitigaba el sinsentido de la balada peligrosa de nothing else matters, el barman sonriendo pues lo único que sabe hacer es aguantarse al tiempo pasar como si el fuera la liebre metida dentro del cuerpo de la tortuga; slow sapiens. No importa comerse un perro caliente en el parque de los mil deseos descalzos, maquinar lo que no se hará siempre abre la puerta para que se pueda cumplir lo contrario, oír canciones sucesivas que nunca se digieren correctas por la mala traducción del ingles y más cuando los pensamientos inyectan pequeñas descargas de frustración, hacen que la atmósfera se torne vulgar; salir a caminar se vuelve algo fundamental, sin mirar atrás, los pasos sobre las aceras mojadas se dirigen hacia el perrito caliente con harta salsa roja, rosada y de esa que llaman de piña, la salchicha caliente, las papitas crujientes, el pan tostado por afuera y esponjadito por dentro, vuelven una nada el paladar hecho agua. Derretirse como el queso, tragarse uno mismo, beberse un trago de esa gaseosa que llaman agua negra para destapar tuberías; el intento de la noche por desbaratarme se esfumaba, las migas de pan caían, no faltaba el pedazo de salsa que se manchaba el traje de disfraz de gato negro, el porque salía precedido por una categórica palabra de ¡mierda no puede ser!

Había que limpiar con la servilleta ese dulce oasis pegado de la chaqueta café, los mil doscientos pasos hacia el hogar de la inocente victima de cabello rubio y ojos azules llegaban a su fin, el timbre anunciaba la llegada, hora de vampiro, hora exacta, diez de la noche acá en tus aposentos de gata encerrada, vengo a rescatarte de la noche jaula de la noche cubo de hielo que te congela adentro.
Radiante pero mezquina te presentaste sin pronunciar ninguna frase, tome tu mano al saludarte de beso innecesario pero justo, caminamos en silencio con rumbo indefinido y sin notarlo nos hallamos solitarios en la mitad de una calle lejana.

Mi mano tocaba tu mano, y un dedo escapaba de la mordida de tu piel inmóvil, apareció el susurro del viento que nos envolvió en su capullo, de tu nada salían mensajes ininteligibles que imploraban que te abrazara tan fuerte como los árboles que se abrazaban a si mismos en un acto desesperado por guardar silencio. La calma de dos almas separadas por la coraza de queratina sello aquella noche de invierno, tu nada advertía que tenías que escapar de mi lado, sin saber el por qué, sin preguntar siquiera sin precipitarse al fracaso me deje llevar por tu silencio, anclado al asfalto caía de rodillas sentenciado a muerte por tu partida.

Los días pasaban sin ser nombrados como días, ya los lunes no eran lunes ni los martes martes, más bien solo eran lapsos de tiempo sin nombre, cuando el corazón latía sin esfuerzos, el cuarto blanco parecía cerrarse lentamente, convirtiéndose en una pequeña caja de la cual no sabia como escapar, abrir los ojos y encontrar los pensamientos flotando en aquel cuarto, uniendo a voluntad cada situación y cada hecho llevado a termino como no debía ser, se me fueron yendo las tardes por dentro de la crema de dientes marca registrada blanca con verde y una capa extra de azul frescura, los deleites del pasado embadurnaban los ojos con lágrimas de un presente que sería divertido en el futuro en que todo llegaría por vía intravenosa en la cama de un hospital para ciegos locos que nunca quisieron ver.

Las animas caminan solas y nunca acompañadas por otras compañeras encerradas en ese limbo en particular; los amigos de turno dirían que me había vuelto un loco trascendental, el amor había tallado el quiste que encerraba ahora un corazón con doble candado y con una sorpresa adentro para la cual la fiesta no sería parte ahora del rito sagrado de enamorarse. Los años dejaban huellas imborrables, los pasos ya no serían más escuchados, los tórtolos levantaban las cabecitas para volverlas a bajar, y las amistades preparaban tretas para envolver al incauto en papel de regalo para la futura novia de turno, no obstante la incredulidad hizo que todo se diera como un dialogo que uno quiere que acabe pronto; el encuentro tuvo lugar en un bus en el que un amigo presento su arma secreta, de cabellera negra esta mujer con cara de astuta enfermera del amor hospitalario sonreía al verme abrir la bocota de ballena hambrienta.

Los preparativos se llevaron en una misma tarde de invierno la cual determinaría la extinción de recuerdos pasados de una noche igualmente turbia. La mujer llamada Rosa capturo mi corazón envolviéndolo con cadenas que lo electrocutaban cada vez que este latía. La intensidad del cigarrillo, de la espera cuando se llegaban las noches de verano para salir, para saltar de felicidad, para recolectar las flores en el campo se vieron interrumpidas por la muerte accidental de Rosa bajo las llantas de un automóvil que escapo de inmediato, El tiempo se encargaba de desencajar sus engranajes, se había detenido de inmediato, el dolor nunca antes había tocado así al corazón blando de aquella época, las risas desde adentro fluían sin un sentido razonable, el transcurso del recordar se había desarrollado sin duda alguna dentro de un autobús, en un asiento, dentro de un cuerpo destrozado, el viaje era largo, el bajarse, entrar y salir de una casa, el enamorarse, terminar un amor y la muerte de otro solo habían sido trampas del subconsciente de un simple mono que pensaba con destrozar aquel mundo, su mundo; el payaso caía destrozado por su torpeza, los pasajeros reían sin parar, se miraban cómplices de aquella locura instantánea, no existían culpables, el motor rugía al subir una pendiente del barrio que escurría todas sus aguas hacia abajo como pequeños ríos amenazantes para las medias limpias y secas. El timbre para bajar se camuflaba entre la oscuridad del pequeño bus ascendente, un simple silbido fuerte bastaba para detener el vehiculo, bajar era ahora saltar al vacío sin pensar en lo que había sucedido.

Por elshembass
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20 Septiembre 2006

La infancia perdida

El tizne ha dejado manchas en la cara de la niña
El viento soplaba y se llevaba sus pétalos que ella misma había recogido como toda buena soñadora; sus lágrimas nunca aparecieron;
Esos son los pequeños instantes más gratificantes de una memoria.

Las verdes querendonas que nos abrazan a diario entre la niebla y entre su frío manto de hojarascas, duendecillos pérfidos que asechan sin que nadie los vea;
Los aeroplanos hechos con hojas, ellos saben volar, se tiran de la copa de unos pinos
Para caer cagados de risa bajo las piñitas cafés.

No hay mentira dentro de la tasa de chocolate hirviendo,
La correa aprieta con su cuero antiquísimo a la bolita de carne que tengo como estomago; Tomar aire es fundamental para una masa de huesos blancos.

Corregirle la tarea a la niña llenita de tizne,
Preguntarle como fue que, pero nunca hacer caso omiso a sus errores, sonreír,
Devolver la mirada y dar una caricia;
En la ventana se agolpan los bichos de la tarde que desean entrar a refugiarse pero no saben como; de noche las sabanas se vuelven más tibias con el transcurrir de los segundos sagrados dentro de la cama.

La niña se lava los dientes, y sonríe en el espejo, se divierte como nadie en el universo;
Los duendes aun andan como si nada por las baldosas blancas; se los ve peleando por la mejor de las baldosas, y se gritan con sonidos que no se sabe de donde salen, si de sus cuerpos diminutos o de sus mágicos misterios de duendes, la niña los recoge y se los lleva entre sus manitos ahora limpias, ella dice que los va a llevar para la cuna de su muñeca filomena, pero uno no sabe estos niños que pueden llegar a hacer…

Ellos duermen en la cuna de la muñeca, se abrazan a ella y de noche ellos le dan vida propia a la muñeca; en la mañana todos se pelean por hacerle el desayuno a la condenada muñeca de plástico y rizos de cabuya; otra vez la niña se siente mal para ir al cole; no le hace gracia sumar ni restar, ella dice que todo viene y va, que nunca se sabe; los duendes, si los duendes son los que la ayudan en sus tareas, al menos eso creemos porque siempre ella resulta con los problemas ya resueltos y los dibujos ya como deben de estar, como mamarrachos de niña que sueña a nunca soñar.

El problema de los duendes apareció cuando la niña nació, todo en la casa se lleno de flores color rosa, flores que aun ni se sabe su procedencia taxonómica; estas revelaciones pueden que tengan un alto contenido de tragedia, pero en este caso, no, las brújulas siempre facilitan el destino escogido, pero estos pequeños amigos que llaman sin cesar se sienten a gusto con la niña, ellos la cuidan y se preocupan porque ella experimente nuevas cosas que ningún niño del mundo común a probado aun.

En la casa el ambiente es de tensión cuando la niña no quiere comer, todos corremos por satisfacer sus necesidades o caprichos; el gasto de energía es tan grande que la casa se mantiene iluminada día y noche porque la niña le tiene miedo a las sombras, su propia sombra es inquieta, juguetea sin que ella se de cuenta.

Los días pasan más rápido de lo normal, entiéndase que un día tiene 24 horas, aquí en este barrio gracias a los malditos duendes, todo el día se va en 20 horas, el sol sale y se va en un parpadear. Un día Filomena la muñeca decidió decir sus primeras palabras, todos quedamos en estado de shock; las reglas humanas dicen que objetos inanimados carecen de vida, no pueden nunca, no pueden…pero ella pudo, digo ella porque por el solo hecho de hablar ya es ella y no eso.

Todos pensaron que estábamos locos, la muñeca de la niña podía hablar y caminar, preguntar y coger todo lo que se le antojara; no podíamos tolerar el asunto y menos la niña la cual veía que sus duendes ya no le prestaban la menor importancia. Los juegos se hacían cada vez más pesados, la niña comenzaba a irritarse, les preguntaba el porque de la predilección por Filomena, y ellos argumentaban sentirse mejor con esa muñeca parlanchina; un lunes La niña decidió frenar el avance de este asunto, comenzó por hablarle con un tono de mando a la muñeca; esta al principio le hizo caso en todo pero después las cosas se le salieron de las manos a la niña; esta decidió asesinar a Filomena.

El cuchillo estaba sobre el comedor, Filomena descansaba en sus cuna, había dicho que no la molestaran, la niña andaba por la casa cogiéndose un mechón de cabello, los nervios le comían el alma, ella andaba en busca del fin; le preguntaba a su madre, cuando y a que horas llegaba papá, se sentaba en el sofá a ver sus programas de tele favoritos, pero se paraba porque la ansiedad la mataban lentamente. Camino cerca al comedor, la mamá estaba dándole la espalda, se abalanzó rápido para coger el cuchillo, se lo guardo debajo de la bata de dormir, se dirigió corriendo cerca de la cuna de la muñeca; lo que paso solo se cuenta cuando la familia esta de buen humor, la muñeca o parte de la muñeca apareció en las manos de la niña, la cabeza cogida como un trofeo de caza, estaba colgando de las manitos de la niña la cual sonreía. El solo hecho de haber asesinado a la muñeca, acabo de paso con los duendes que ahora se lamentaban y gritaban con rabia.

Estos se irían para siempre, la niña lloraba por su partida pero no por mucho tiempo, ella se había curado su propia enfermedad, los duendes son malos siempre que no se les preste mucha atención para que no cometan desmanes.
La niña crecería entre rosas rojas hasta llegar a alcanzar la madurez de las princesas encantadas, los duendes morirían pisoteados por el común denominador que anda por las calles. El problema había sido resuelto.

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18 Septiembre 2006

LA PELEA

De la golpiza salieron chorros de sangre
Que fueron a parar en las blusas de las mujeres que con torpeza se habían metido en la contienda; la pasión de un golpe con mano dura, y empuñada de una rabia antiquísima
Empalideció al atardecer lleno de conjeturas que muchos las tomaron como malos augurios de que algo extraño estaba pasando en la ciudad.

Los transeúntes no lo podían creer, aquellos dos personajes se lanzaban de muro en muro, como dos animales arrastrándose sobre la estela de polvo; sin importar el que dirán ellos se las arreglaban para sobrevivir e aquel mundo austero. Su pelea fue plantada por una mujer rubia de ojos azules, la cual lloraba y gritaba de desespero.

La pelea había comenzado alrededor de las 11 de la noche y parecía que no iba parar porque ya eran las 2 de la mañana; la policía se abstenía de intervenir por razones de horario (descansaban de un largo día y si el turno era nuevo mejor aun); la ambulancia esperaba atenta a que alguno de los dos personajes cayera para socorrerlo, pero ninguno mostraba aun muestras de cansancio.

Lo que ocurriría dejaría una huella en los diarios, y los radio escuchas tendrían pesadillas; a eso de las 4 de la mañana muchos de los testigos de la contienda se habían ya cansado de tanto ajetreo, solo quedaban los somnolientos paramédicos y uno que otro vago sorprendido por la buena noche de aquella pelea.
Cuando se oyeron los ruidos más espeluznantes que puede emitir un ser humano, todos los presentes sintieron un miedo que les llenaría las venas de pus hasta llegarles al corazón que explotaba de terror.

Los peleadores murieron de rabia, a uno se le estallo el corazón de la rabia intensa y al otro le comenzó a salir sangre del cráneo sin explicación alguna; el parte de paramédicos dijeron que fue el cerebro que se le cocino de la rabia tan fuerte, que esta hizo que su sangre hirviera hasta cocinar el cerebro como la olla a presión hubiese pitado.

La mujer rubia nunca olvido a esos dos machos cabrios que pelearon por tenerla, ella moriría a los dos meses, se ahorco con una cuerda en su garaje dejando una nota que decía: me mate por rabia de saber que uno más uno fue dos y que el resultado al final siempre fue un cero marcado en su frente. NOTA: los 2 cuerpos al final fueron sometidos a intensos estudios…la mujer ahorcada fue cremada y echada a un río como recordatorio de la vaga ilusión de una vida peleada por tramos llenos de escombros.

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23 Julio 2006

INSTRUCCIONES PARA SUBIR A UN BUS - 1parte

Todo proceso mental comienza con lo primero que se le viene a uno a la cabeza,
A esto se le llama: chispazo, hacer memoria, se me vino un…
Recuerdo haber parado el bus equivocado que me llevo hasta la puta mierda...
Es lo cotidiano, lo que nos sabe a veces a gloria o a mala suerte por la tarde de un lunes en que todo está confuso, y no lees el pequeño letrero indicativo del bus que se acerca, ¡sí!; llueve, hace frío y no logras distinguir si aquel bus se dirige a tu destino.

Paras torpemente el bus, esperas a que aparezca el rostro desconocido del conductor, le preguntas que si pasa por ese destino al que te quieres dirigir, y él asiente de mal agrado como si todo formara parte de su itinerario monótono de cada día. Lo que viene después es intentar subir las escaleras que muchas veces son irregulares, unas son más bajas que otras, y otras poseen un escalón mayor que los otros haciendo del intento para subir algo que muchas personas consideran irremediablemente necesario.

¡Señora por qué no se sube rápido que ahí viene el guarda!, ¡que señor tan grosero!, se escuchan risas…vea los mil pesos, extienda rápido la mano que la edad me tiene casi moribunda… Comienza el proceso que dura de 3 segundos hasta 8 segundos: la búsqueda de un puesto para sentarse se vuelve en algo de vida o muerte; las caras de los demás pasajeros son simples dibujitos rayados, no se distingue quien es quien, el puesto brilla allá atrás junto a la puerta trasera, los pasamanos son lo único que nos queda de nuestra herencia antiquísima, es cuando entonces decidimos pegarnos de los tubos huecos del bus como si estos fueran árboles y nosotros simples monos que buscan estar seguros en la copa de esos árboles.

Llegamos al lugar de trabajo para nuestro trasero pensante, ¡todos firmes!, el ejercito de pasajeros se arma con su silencio, la mecánica del juego surge como un recordatorio de la escuela, callados, miren al frente, pongan atención a su nada, esa nada que es vacía y que se convierte en meditación pura, piensen en lo que hicieron, harán o no harán, en la muchacha del frente, en sus curvas, en la otra mujer obesa que se roba dos puestos, en el niño que llora hasta que el bus cobra vida y se transforma en ambulancia rechinante; piensen en el telón de teatro, en los comediantes mal maquillados, en los artistas con su guitarra que habla por si misma, en las maniobras de otros que se divierten embaucando con un mensaje que dura meses, en los niños que se utilizan como carnada para recolectar el pan de cada día: a fin de cuentas, ¡el rebusque es magnifico!...

Señores pasajeros les habla su conductor, si huelo mal, pero todo tiene una explicación, he dado mil vueltas a la ciudad, he visto mil automóviles que se atraviesan, se pelean, corren en una pista imaginaria; señoras y señores, les habla su conductor: ¡corransen por favor!...suena una voz atrás: ¿crees que transportas mulas o qué?...el silencio invade la sala de hojalatas unidas por tornillos que bailan con movimientos sensacionales. Haz llegado a tu destino; oprime el botón, si no suena, grita, silba o pégale a la puerta trasera. Espera que pare el bus, tiráte afuera suéltate de la manigueta, hasta mañana pasajero de la nada.

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