Margot Pereira
Una araña se mete por mi oído y construye su telaraña con la que puedo escuchar los susurros y llantos, para sentirlos a flor de piel canto más ahora en las mañanas ideales de un fugaz verano.
Prendo un cigarrillo mental, hago como si lo tuviera en la mano, justo, sereno e insignificante, su humo se va lejos de mi, ese humo que exhalo sin agrado se pierde imaginado. La puerta, tocan a la puerta con unos golpecitos sucesivos, toc, toc, toc, el silencio se apodera de la habitación, no quiero abrir la puerta porque no lo deseo, no me interesa saber quien llega, quien toca o quien esta ahí presente, se me olvida que tenia un cigarrillo en la mano, se me olvido que tocaban ese pedazo de madera inerte. Vivimos para quedarnos estáticos como unos alfileres bien clavados en la almohadita de las agujas, no sentimos el ser, solo sentimos dolor cuando en el área afectada se presenta una emisión de desesperación. No deseo abrir esa vetusta puerta. El timbre es presionado con delicadeza, parece ser una mujer, una que toca el timbre con suaves manos rosadas, o talvez con guantes de realeza presumida, es una locura, mi boca tembló sin quererlo, tal vez los mecanismos de inercia dieron por sentado el precedente de abrir la bocota articulando un qui…é...n essss?, maldita sea yo no quería abrirla, las palabras que escuche entonces, fueron una melodía que dio en el clavo, que perforo mi corazón con dulces balas de plata, las palabras se unían como un rompecabezas que en mi mente se iluminaba liberando pequeñas dosis de adrenalina barata que revolvían el estomago como un retrete vaciado sin precaución. En la mano cerrada, los dedos estaban apretados, comenzaban los músculos a contraerse lentamente, aparecía una llave de color dorado, de dientes afilados y que sin quererlo se fue introduciendo en la hembra de la chapa de esa puerta, felizmente ahora giraba el picaporte con serenidad y paciencia, Margot Pereira se aparecía como una mancha en la pared del corredor del piso 9, su impresión la dejo ahí parada como una mula con carga pesada; mi desnudez la había conmocionado a tal punto que ella vomito porque nunca antes me había visto así como Dios me había traído a este mundo, sin quererlo la hice pasar l living room, mis argumentos fueron idiotas, Margot estoy desnudo por que no estoy feliz, no llevo la corona que me representa como el más idiota de todos; Margot se disculpo por el reguero de liquido viscoso; Hombre mejor ponte un trapo en esas desgracias que tienes, me da pena verte así; aunque sus palabras no hicieron que la vergüenza se apoderara de mi, seguí mirándola como todo un buen caballero en pelota; ella miraba de reojo mi cuerpo escuálido y blanco, no sin observar la camisa doblada encima de la silla blanca que estaba cerca al escritorio lleno de pelusas, y el pantalón retorciéndose en el suelo como si alguien le hubiese estrangulado, Mis palabras la sacudieron de inmediato porque advertí su mirada, los interiores están colgados en el ventilador si andas buscando eso que me falta. Mírame si quieres, así estaré por dos horas más antes de ducharme y cambiarme, te puedes quedar si no te disgusta mi condición de hombre empelotado.
Sus ojos se movieron nerviosos, como si una corriente de energía los hubiese sacado de sus lugares, las manos temblorosas no sabían que hacer, si coger las pulseras, rascar el respaldo de la silla, rascar las piernas carrasposas o apretarse entre si como si el desaparecer fuera tan fácil. Mira Margot, tu presencia me hace bien, quédate, así podemos hacer muchas cosas. ¿Cómo cuales?, ¿que puedo hacer con tu desnudes o con tu actitud? De que hablas mujer, solo estoy desnudo, solo soy yo y nadie más, desnúdate entonces para que quedemos a la par, sin problemas para entablar la conversación que tu desees. ¡Me voy! No tolerare eso que acabaste de decirme. Margot no seas melodramática no soy el primer hombre al que ves desnudo. No, no lo eres. Bueno entonces cuéntame como te fue el día de hoy, ¿pudiste vender algo en el vivero? Mira, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, estas desnudo y me empiezas a hablar de viveros, si, sí vendí muchas plantas hoy, no te entiendo, porque estas desnudo hombre mira que me estas poniendo mal, muy mal, no puedo con la cara de vergüenza; ah entonces quítate la ropa para que no sientas vergüenza ajena así podremos mirarnos solo a los ojos y no como tu lo haces mirando a otras áreas del cuerpo; No no lo haré porque ustedes los hombre son todos unos idiotas, si me quito la ropa dirás que soy una chica fácil y que no tengo pudor, además no mirarías solo a los ojos. ¿Cómo lo sabes si no te haz quitado la ropa?, mujer la desnudes es lo más bello que existe y solo quiero que te sientas cómoda, además la puerta esta abierta para que salgas, mira la llave que esta en la mesita. Margot observaba la llave con desespero, en su interior los más extraños instintos se mezclaban y luchaban por tomar una decisión, el tiempo transcurrió como una baba de caracol arrastrándose por todo el borde de la mesa, las llaves eran un dilema una interrogante; mis muslos se aflojaron y las piernas me temblaron para pararme, me dirigía cerca de su cuerpo, la estatua estaba helada, congelada en su tiempo de no saber que hacer, Margot siempre había sido aquella amiga de toda una vida, era la mujer, y yo para ella era su mejor confidente aunque nunca me lo confesara.
Margot era considera una diosa para mis ojos, la explicación de su ausencia por un largo tiempo se debió quizás las arduas horas laborales y demás ocupaciones que tenia. Su madre había estado muy enferma y por dos años ella había cuidado de su sueño hasta que por fin su madre pudo dormir en paz. Solo nos veíamos ocasionalmente cuando salía del vivero, nos íbamos al café de la esquina para hablar de precios, colores, sabores y libros interesantes, los pensamientos afloraban con el pasar del tiempo, no era el único en sentirlos, se podían ver también en sus ojos, ese brillo que aparece cuando el alma esta más que feliz, la sonrisa delataba su amor.
Esa tarde Margot luchaba contra sus sentimientos, es algo que llaman contradicción estúpida del amor de verano, asumir que uno ama pero que no debe porque uno es una puta gueva que no sabe si decir que si o no, las conveniencias desaparecen y solo flotan en el aire las convenientes materialidades, Margot se sentía incomoda, no me acerque mucho para no espantarla, solo podía tocar sus piernas congeladas, su tiempo estaba llegando a su fin, las llaves permanecían en la mesa, sus ropas estaban ahora en el suelo.
